Apenas un ápice,
muerto indómito
secuaz de la hierba virgen,
donde nadie llega.
Tampoco el mar lejano, ausente. Extender sin entender es prescindir de la coraza, ¡valiente irresponsable! Muerto indómito. Y los cobardes ríen.
Nunca lo he sabido bien.
A veces me llena el vacío.
Infinito.
En esa llanura desértica
el norte podría ser el sur.
Me detengo a mirar
su cielo carente de estrellas.
Sin referencias, espero.
Regulan el tiempo
los caprichos del ego,
otrora pecados,
nuevos dioses de la penumbra.
Sigo esperando...
Se subleva sublime.
No se pierde,
es el horizonte en el poniente
la tangente de su infinito.
Y en la noche... renace. También sublime, sin datos también. Sólo renace incesante. Eterno. Se rearma y se subleva definitivamente.